{"id":2892,"date":"2024-11-20T11:02:19","date_gmt":"2024-11-20T14:02:19","guid":{"rendered":"https:\/\/bibliocentral.uncoma.edu.ar\/?p=2892"},"modified":"2025-06-17T11:09:39","modified_gmt":"2025-06-17T14:09:39","slug":"sugerencias-de-cuarto-libro-el-viento-que-arrasa-y-ladrilleros-de-selva-almada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bibliocentral.uncoma.edu.ar\/index.php\/2024\/11\/20\/sugerencias-de-cuarto-libro-el-viento-que-arrasa-y-ladrilleros-de-selva-almada\/","title":{"rendered":"Sugerencias de Cuarto Libro: \u201cEl viento que arrasa\u201d y \u201cLadrilleros\u201d, de Selva Almada."},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"966\" height=\"1000\" src=\"https:\/\/bibliocentral.uncoma.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/WhatsApp-Image-2024-11-19-at-17.45.29-2-966x1000.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2896\" style=\"width:452px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/bibliocentral.uncoma.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/WhatsApp-Image-2024-11-19-at-17.45.29-2-966x1000.jpeg 966w, https:\/\/bibliocentral.uncoma.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/WhatsApp-Image-2024-11-19-at-17.45.29-2-290x300.jpeg 290w, https:\/\/bibliocentral.uncoma.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/WhatsApp-Image-2024-11-19-at-17.45.29-2-768x795.jpeg 768w, https:\/\/bibliocentral.uncoma.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/WhatsApp-Image-2024-11-19-at-17.45.29-2-1024x1060.jpeg 1024w, https:\/\/bibliocentral.uncoma.edu.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/WhatsApp-Image-2024-11-19-at-17.45.29-2.jpeg 1152w\" sizes=\"(max-width: 966px) 100vw, 966px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c<a href=\"https:\/\/opac.uncoma.edu.ar\/cgi-bin\/koha\/opac-detail.pl?biblionumber=46597\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/opac.uncoma.edu.ar\/cgi-bin\/koha\/opac-detail.pl?biblionumber=46597\">El viento que arrasa<\/a>\u201d y \u201c<a href=\"https:\/\/opac.uncoma.edu.ar\/cgi-bin\/koha\/opac-detail.pl?biblionumber=46596\" data-type=\"link\" data-id=\"https:\/\/opac.uncoma.edu.ar\/cgi-bin\/koha\/opac-detail.pl?biblionumber=46596\">Ladrilleros<\/a>\u201d, de Selva Almada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Hern\u00e1n Lasque<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cTodo aquello hab\u00eda quedado atr\u00e1s con la ayuda de Cristo. A veces miraba sus manos, grandes y cuadradas, fuertes como dos palas mec\u00e1nicas. Esas manos que hoy levantaban las vigas de un templo, antes hab\u00edan azotado mujeres. Entonces, cuando recordaba, Zack sol\u00eda ponerse a llorar como un chico, con las manos colgando del cuerpo, no atrevi\u00e9ndose a llev\u00e1rselas al rostro, temeroso de que las viejas manos mancillaran su remordimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8211; Me las cortar\u00eda si pudiera \u2013 le hab\u00eda dicho una vez al Reverendo -, pero ser\u00edan veneno hasta para un perro.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cUna tarde lo llev\u00f3 a Marciano al fondo de la casa, donde hab\u00eda un viejo algarrobo. Tent\u00f3 una rama con su propio peso. Pas\u00f3 una cuerda. Llam\u00f3 al perro con alguna zalamer\u00eda. Le dio unas palmaditas en las ancas y le acarici\u00f3 la cabeza y despacito le pas\u00f3 la soga por el cogote., la ajust\u00f3 y empez\u00f3 a tirar con todas sus fuerzas de la punta de la cuerda. El perro gimi\u00f3 y patale\u00f3 en el aire con las tres patas sanas, y la pata in\u00fatil flameando como un trapo. Y ah\u00ed qued\u00f3, con los ojos amarillos fijos en la copa del \u00e1rbol.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primero de los p\u00e1rrafos corresponde a \u201cEl viento que arrasa\u201d, primera novela publicada por Selva Almada, el segundo, a \u201cLadrilleros\u201d, segunda novela de la autora (a\u00f1os 2012 y 2013). Lo cierto es que podr\u00eda haber elegido cualquier otro par, ambas obras est\u00e1n pobladas de pasajes, a veces plasmados en un solo p\u00e1rrafo, un cuadro org\u00e1nico que obliga a detenernos en la lectura. Por su belleza, por el impacto de su intensidad l\u00edrica, estos p\u00e1rrafos nos toman as\u00ed como lo hace una imagen, como lo hace un gran verso en el que quisi\u00e9ramos quedarnos, pero s\u00f3lo para continuar. Registros a trav\u00e9s de un lenguaje que sabe volverse, singularmente, cinematogr\u00e1fico en una secuencia de avances de la trama como en un montaje que intercala la progresi\u00f3n de una u otra escena planteada, recuperada luego y haciendo de ese modo que la historia vaya revel\u00e1ndose gradualmente. Una narraci\u00f3n que logra tener la lectura en tensi\u00f3n, no solo por lo que las palabras traman, es decir, los hechos que van ocurriendo o revel\u00e1ndose como ocurridos (Ladrilleros comienza por el final), no s\u00f3lo debido a la historia que cuentan y el contexto que las hace posibles, sino por los procedimientos, por un lenguaje no forzado, fresco, no importado <em>&#8211; <\/em><em>Selva <\/em><em>nace y se cr\u00eda entre los r\u00edos, en el litoral &#8211;<\/em><em>no he le\u00eddo mejor puesta la palabra \u201ctape\u201d en m\u00e1s de veinte a\u00f1os en Literatura, desde Zelarray\u00e1n. Ni \u201ccursiento\u201d, ni \u201cpijotero\u201d, ni \u201cni que sea\u201d -, <\/em>a parte de todo eso y m\u00e1s, la estructura es lo que Hace a sus historias. Estructura que aborda las genealog\u00edas de los personajes, los contextos que cristalizan el trasfondo general de una sociedad en decadencia, sus conceptos, sus mandatos, focalizada en familias pobres con vidas destruidas, procedimientos de montajes que logra no pisar un desenlace tempranero, no resolvi\u00e9ndose por completo la historia sino hasta llegar a la \u00faltima p\u00e1gina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">P\u00e1rrafos que, como un fresco sixtino, plasman abyectas escenas que avanzan como t\u00e9mpanos de hielo en medio del calor y la humedad, el sofoc\u00f3n del litoral que se percibe e instala dese la primera l\u00ednea. Fragmentos que parecieran nacer, cada uno de ellos, de una imagen, de algo concreto que la autora preconcibe en su mente. Luego, el lenguaje verbal tra\u00eddo de una oralidad ya sumamente po\u00e9tica en su estado natural, silvestre, dar\u00e1 cuenta en su relato de lo que hay detr\u00e1s de esa imagen preconcebida. Selva ha dicho que la historia de \u201cLadrilleros\u201d nace a partir de un hecho puntual que le fue contado, por ello empieza por el final, por esa \u201cimagen\/relato\u201d que le lleg\u00f3, esta imagen del desenlace es la que motiva la historia, la ficci\u00f3n creada en torno de esos dos moribundos de las primeras dos p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras la le\u00eda, algunos a\u00f1os despu\u00e9s de \u201cEl viento que arrasa\u201d, sent\u00ed entrar en una escritura en clave Faulkner, en clave \u201cEl sonido y la furia\u201d, por algo de la estructura planteada y porque la imagen inicial es tan potente que record\u00e9 ya en las primeras p\u00e1ginas una entrevista al gran autor estadounidense. En aquella entrevista, realizada por el cr\u00edtico Jean Stein, \u00e9ste le pregunta al autor c\u00f3mo empez\u00f3 \u201cEl sonido y la furia\u201d, y Faulkner contesta: <em>Empez\u00f3 con una imagen mental. Yo no<\/em> <em>comprend\u00ed en aquel momento que era simb\u00f3lica. La imagen era de los fondillos embarrados de los calzoncillos de una ni\u00f1a subida a un peral, desde donde ella pod\u00eda ver a trav\u00e9s de una ventana el lugar donde se estaba efectuando el funeral de su abuela y se lo<\/em><em>s<\/em><em> contaba a sus hermanos que estaban al pie del \u00e1rbol. Cuando llegu\u00e9 a explicar qui\u00e9nes eran ellos y qu\u00e9 estaban haciendo y c\u00f3mo se hab\u00edan enlodado los calzoncillos de la ni\u00f1a , comprend\u00ed que ser\u00eda <\/em><em>imposible <\/em><em>meterlo todo dentro de un cuento y que el relato tendr\u00eda que ser un libro.\u201d. <\/em>La respuesta sigue, luego va a decir que la reescribi\u00f3 tres veces, cada una de esas veces desde un personaje\/narrador diferente y que esa es la versi\u00f3n definitiva que conocemos hoy de la novela. Y si pienso en Faulkner, pero estoy en el Litoral, pienso con Manauta, leyendo en Almada\u2026 la materia del relato es siempre anterior al relato.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Manauta porque las historias de Selva Almada, de alguna literaria manera, ocurren un poco tambi\u00e9n al fondo de esa calle ancha de Manauta, camino que desemboca en el pueblo al que siempre su literatura regresa: \u201cLa entrada al pueblo es una camino ancho. De tierra, con mucha tierra. Mal cuidado, es casi siempre desparejo. Cuando llueve, los carros cargados de cereal marcan profundo sus huellas en la antigua b\u00f3veda\u201d. As\u00ed como lo hicieran Juan Jos\u00e9 Manauta, y antes que \u00e9l Juan L. Ort\u00edz, Carlos Mastronardi y Amaro Villanueva (primera generaci\u00f3n del <em>misterio gualeyo<\/em><em>)<\/em><em>, <\/em>as\u00ed Almada, oriunda de Villa Elisa, un pueblo de Entre R\u00edos, instala la ficci\u00f3n en una zona retirada de intereses urbanos, de peripecias capitalistas y metropolitanas, lo que que implica tambi\u00e9n diferenciarse de otras est\u00e9ticas o l\u00edneas de b\u00fasqueda en la literatura argentina. <em>Salvaje y federal.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por \u00faltimo, en esta rese\u00f1a quiero acentuar tambi\u00e9n el car\u00e1cter po\u00e9tico que tiene la prosa de la autora, esa cualidad alqu\u00edmica que tensa la cuerda entre lo que se recrea y lo real acaecido, siempre a trav\u00e9s de un lenguaje sumamente preciso que elude sistem\u00e1ticamente la narraci\u00f3n lineal y crea v\u00f3rtices resultantes de cada uno de los relatos que constituyen el relato absoluto, completo. Ese tono po\u00e9tico aparece repartido en equilibrio en el desarrollo de ambas historias, pero por momento pareciera tomar la prosa narrativa por asalto. En \u201cEl viento que arrasa\u201d, quien anuncia la llegada de la tormenta, del viento que todo se lo lleva, del viento que arrasa con todo, es un perro. A trav\u00e9s de la descripci\u00f3n y enumeraci\u00f3n de los olores que el perro <em>Bayo<\/em> percibe venir del monte y de m\u00e1s adentro, de m\u00e1s all\u00e1 y en pleno d\u00eda soleado, se anuncia la llegada de la tormenta. Tormenta que se desatar\u00e1 en la historia de manera sincr\u00f3nica, en los personajes descargando cada uno el peso de sus orfandades, de la opresi\u00f3n de sus vidas destruidas, al mismo tiempo que la inclemencia de la naturaleza, encapotada sobre el escenario, se derrama y arrasa con todo a su paso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Cap\u00edtulo 16 de \u201cEl viento que arrasa\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl perro bayo se sent\u00f3 de golpe sobre las patas traseras. Estuvo todo el d\u00eda echado en un pozo, cavado esa ma\u00f1ana temprano. El hoyo, fresco al principio, e hab\u00eda ido calentando en su letargo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Bayo era una cruza con galgo y hab\u00eda heredado de la raza la elegancia, la alzada, las patas finas y veloces, la fibra. De la otra parte, madre o padre, ya no se sab\u00eda, hab\u00eda sacado el pelo duro, semilargo, amarillo y una barbita que le cubr\u00eda&nbsp; la parte superior del hocico y le daba el aspecto de un general ruso. Al Bayo a veces tambi\u00e9n le dec\u00edan el Rusito, pero por el color del pelo nom\u00e1s. La sensibilidad se habr\u00eda ido perfeccionando tras d\u00e9cadas y d\u00e9cadas de mestizaje. O le habr\u00eda venido sola, ser\u00eda un rasgo propio \u00bfpor qu\u00e9 no? \u00bfPor qu\u00e9 en los animales ha de ser diferente que en los hombres? Este era un perro particularmente sensible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque sus m\u00fasculos hab\u00edan estado quietos todo el d\u00eda, la sangre que segu\u00eda bombeando como loca en su organismo hab\u00eda ido calentando el agujero en la tierra, al punto de que ni las pulgas lo hab\u00edan soportado: saltando como los osos bailarines&nbsp; sobre una chapa caliente, se hab\u00edan largado de ese perro a otro perro o a la tierra suelta a esperar que apareciera un anfitri\u00f3n m\u00e1s benevolente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el Bayo no se sent\u00f3 de repente porque sintiera el abandono de sus pulgas. Otra cosa lo hab\u00eda arrancado del sopor seco y caliente y lo hab\u00eda tra\u00eddo de vuelta al mundo de los vivos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los ojos color caramelo del Bayo estaban llenos de laga\u00f1as, la delgada pel\u00edcula del sue\u00f1o persist\u00eda y le nublaba la visi\u00f3n, distorsionaba los objetos. Pero el Bayo no necesitaba ahora de su vista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin moverse de su posici\u00f3n alz\u00f3 levemente la cabeza. El cr\u00e1neo triangular que terminaba en las sensibles narinas tent\u00f3 el aire dos o tres veces seguidas. Devolvi\u00f3 la cabeza a su&nbsp; eje, espet\u00f3 un momento, y volvi\u00f3 a olfatear.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese olor era muchos olores a la vez. Olores que ven\u00edan desde lejos, que hab\u00eda que separar, clasificar y volver a juntar para develar qu\u00e9 era ese olor hecho de mezclas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estaba el olor de la profundidad del monte. No del coraz\u00f3n del monte, si no de mucho m\u00e1s adentro, de las entra\u00f1as, podr\u00eda decirse. El olor de la humedad del suelo debajo de los excrementos de los animales, del microcosmos que palpita debajo de las bostas: semillitas, insectos diminutos y los escorpiones azules, due\u00f1os y se\u00f1ores de ese pedacito de suelo umbr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El olor de las plumas que quedan en los nidos y se van pudriendo por las lluvias y el abandono, junto con las ramitas y hojas y pelos de animales usados para su construcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El olor de la madera de un \u00e1rbol tocado por un rayo, incinerado hasta la m\u00e9dula, usurpado por gusanos y por termitas que cavan t\u00faneles y por los p\u00e1jaros carpinteros que agujerean la corteza muerta para comerse todo lo vivo que encuentran.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El olor de los mam\u00edferos m\u00e1s grandes: los osos mieleros, los zorritos, los gatos de los pajonales; de sus celos, sus pariciones y, por fin, su osamenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Saliendo del monte y ya en la planicie, el olor de los tacur\u00faes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El olor de los ranchos mal ventilados, llenos de vinchucas. El olor a humo de los fogones que crepitan bajo los aleros y el olor de la comida que se cuece sobre ellos. El olor a jab\u00f3n en pan que usan las mujeres para lavar la ropa. El olor de la ropa mojada sec\u00e1ndose en el tendedero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El olor de los changarines doblados sobre los campos de algod\u00f3n. El olor de los algodonales. El olor a combustible de las trilladoras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y m\u00e1s ac\u00e1 el olor del pueblo m\u00e1s cercano, del basural a un kil\u00f3metro del pueblo, del cementerio incrustado en la periferia, de las aguas servidas de los barrios sin red cloacal, de los pozos ciegos. Y el olor del mburucuy\u00e1 que se empecina en trepar postes y alambrados, que llena el aire con el olor dulce de sus frutos babosos que atraen, con sus mieles, a las moscas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Bayo sacudi\u00f3 la cabeza, pesada por tantos olores reconocibles. Se rasc\u00f3 el hocico con un pata como si de este modo limpiase su nariz, la desintoxicase.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese olor que era todos los olores, era el olor de la tormenta que se aproximaba. Aunque el cielo siguiera impecable, sin una nube, azul como en la postal tur\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Bayo volvi\u00f3 a levantar la cabeza, entreabri\u00f3 la quijada y solt\u00f3 un largu\u00edsimo aullido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se ven\u00eda la tormenta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Selva Almada <\/strong>naci\u00f3 en Villa Elisa, <strong>Entre R\u00edos en 1973.<\/strong> Es autora de los libros Mal de mu\u00f1ecas (2003), Ni\u00f1os (2005) y Una chica de provincia (2007), El viento que arrasa (2012), Ladrilleros (2013) , Chicas muertas (2014), El desapego es una manera de querernos (2015) No es un r\u00edo (2020), entre otras publicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Libros consultados:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juan Jos\u00e9 Manauta. Cuentos completos &#8211; EDUNER 2014<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">William Faulkner , \u201cWash Jones, una historia del sur\u201d, entrevista de Jean Stein, CORREGIDOR 2013<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Promoci\u00f3n de la lectura. Secci\u00f3n <a href=\"https:\/\/opac.uncoma.edu.ar\/cgi-bin\/koha\/opac-search.pl?&amp;limit=mc-loc%3A%22%22CL%22%22&amp;sort_by=relevance&amp;count=20\">\u201cCuarto Libro\u201d<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl viento que arrasa\u201d y \u201cLadrilleros\u201d, de Selva Almada. 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